Asociación Criarte

Asociación para fomentar la crianza con apego, educación sin violencia, educación libre, etc. Difusión de los principios de la crianza natural y lo que esté relacionado con ello: colecho, babywearing, lactancia materna prolongada, desarrollo humano integral, creatividad, etc.

martes, septiembre 19, 2006

GRUPO DE APOYO

Todos los jueves de 17'30 a 19'30 h. reunión de nuestro grupo de apoyo "Criar y lactar" en la sede de la asociación de vecinos del Raval de la Trinitat, 62 en Castellón. Madres, padres y embarazad@s queremos intercambiar experiencias y dar y recibir información acerca de temas como embarazo y parto respetado, lactancia materna y crianza natural. ¡Estáis invitad@s!

BASE TEÓRICA

La teoría de la persona de Rogers está construida a partir de una sola “fuerza de vida” que llama la tendencia actualizante. Esto puede definirse como una motivación innata presente en toda forma de vida dirigida a desarrollar sus potenciales hasta el mayor límite posible. De alguna manera se refiere a que si vivimos como deberíamos, nos iremos volviendo cada vez más complejos y más flexiblemente adaptables a cualquier desastre, sea pequeño o grande.
No obstante, las personas, en el curso de la actualización de sus potenciales, crearon la sociedad y la cultura. En sí mismo esto no parece un problema: somos criaturas sociales; está en nuestra naturaleza. Pero, al crear la cultura, se desarrolló una vida propia. En vez de mantenerse cercana a otros aspectos de nuestras naturalezas, la cultura puede tornarse en una fuerza con derecho propio. Incluso, si a largo plazo, una cultura que interfiere con nuestra actualización muere, de la misma manera moriremos con ella.
Rogers nos dice que los organismos saben lo que es bueno para ellos.

El autor agrupa bajo el nombre de visión positiva a cuestiones como el amor, afecto, atención, crianza y demás. Está claro que los bebés necesitan amor y atención. De hecho, muy bien podría morirse sin esto.
Otra cuestión, quizás exclusivamente humana, que valoramos es la recompensa positivo de uno mismo, lo que incluye la autoestima, la autovalía y una imagen de sí mismo positiva. Es a través de los cuidados positivos de los demás a lo largo de nuestra vida lo que nos permite alcanzar este cuidado personal. Sin esto, nos sentimos minúsculos y desamparados y de nuevo no llegamos a ser todo lo que podríamos ser.

Rogers describe el funcionamiento completo de la persona sana y comprende las siguientes cualidades:
Apertura a la experiencia. Esto sería lo opuesto a la defensividad. Los sentimientos son una parte importante de la apertura puesto que conllevan a la valoración organísmica. Si no puedes abrirte a tus propios sentimientos, no podrás abrirte a la actualización.
Vivencia existencial. Esto correspondería a vivir en el aquí y ahora.
Confianza organísmica. Debemos confiar en nosotros, hacer aquello que creemos que está bién; aquello que surge de forma natural.
Libertad experiencial. Rogers pensaba que era irrelevante que las personas tuvieran o no libre albedrío. Nos comportamos como si lo tuviéramos. Realmente lo que significa es que nos sentimos libres cuando se nos brindan las oportunidades. Rogers dice que la persona que funciona al cien por cien reconoce ese sentimiento de libertad y asume las responsabilidades de sus oportunidades.
Creatividad. Si te sientes libre y responsable, actuarás acorde con esto y participarás en el mundo. Una persona completamente funcional, en contacto con la actualización se sentirá obligada por naturaleza a contribuir a la actualización de otros.

No obstante, por lo que realmente se hizo conocido Carl Rogers es por su aportación en el área terapéutica. Es el autor de la terapia no-directiva, que más adelante llamaría terapia basada en el cliente. Para nosotros, su planteamiento terapéutico en el campo de la psicología es totalmente transmisible a la pedagogía y la crianza. Eso es así porque el se basaba en la idea de que la terapia centrada en el cliente podía ser efectiva siempre y cuando el terapeuta cumple con tres requisitos básicos:
Congruencia. Ser genuino; ser honesto con el paciente.
Empatía. La habilidad de sentir lo que siente el paciente.
Respeto. Aceptación, preocupación positiva incondicional hacia el paciente.
Rogers dice que estas cualidades son “necesarias y suficientes”. Y para nosotros son cualidades imprescindibles para un trato interpersonal en general y con niños en particular. Porque esa congruencia aportará a la relación la seguridad de que todo lo que hacemos y todo lo que decimos sale del corazón, que lo sentimos realmente y no es fruto de un “plan educativo” independiente de nuestros sentimientos. Eso, para el niño es importante, porque solo así sabrá con quién está tratando, si no anteponemos la intención educativa a nuestra persona más sincera, el niño tendrá la ocasión de acercarse a mi y a intercambiar ideas. La empatía es la parte más importante para poder llegar a comprender el mundo interior de ese niño. Necesitamos entrenar esa habilidad para abrirnos a las sensaciones y pensamientos ajenos. Solo si acompañamos al niño un rato en su camino, sin juzgarlo ni interpretarlo, podemos hacernos una idea de cómo se siente. El respeto incondicional es para nosotros la base de toda relación interpersonal. Quizá en el trato con el niño cobra mayor importancia y hay que acompañarlo de comportamientos explícitos. Aún así podemos afirmar que sin respeto por la otra persona, no puede haber una relación positiva.

Por lo tanto, Carl Rogers es la base teórica más cercana a nuestra filosofía de crianza. Una crianza basada en el respeto y la aceptación incondicional de la persona, acompañada por actitudes empáticas y buscando ser personas congruentes mostrándonos auténticos con nuestros hijos. No mentir, no amenazar, no juzgar, no dominar, no disciplinar. Si escuchar, si acompañar, si comprender, si amar, si aceptar, si cooperar...
Creemos en que las personas son buenas por si mismas, y creemos que los niños son ingenuos.
Creemos que tenemos un motor innato que nos hace aprender y experimentar por nosotros mismos con todo lo que nos rodea, creemos que esa fuerza inquieta nos lleva al crecimiento verdadero intelectual y emocional.
Creemos que como adultos tenemos las herramientas y los recursos para ayudar a nuestros hijos en ese crecimiento, que ha de suceder en libertad de acción y de pensamiento.
Por eso, la creatividad y todo lo que pueda contribuir a fomentarla es fundamental, porque hace que seamos capaces de buscar y utilizar adecuadamente los recursos que necesitamos en cada situación. Eso nos prepara para la vida y posiblemente nos ayude a estar más en paz con nosotros mismos y a ser más felices.

viernes, febrero 24, 2006

LACTANCIA MATERNA


La leche materna es el mejor alimento que una madre puede ofrecer a su hijo recién nacido. No solo considerando su composición sino también en el aspecto emocional ya que el vínculo afectivo que se establece entre una madre y su bebé amamantado constituye una experiencia especial, singular e intensa.

Existen sólidas bases científicas que demuestran que la lactancia materna es beneficiosa para el niño, para la madre y para la sociedad, en todos los países del mundo:
- protege al niño de enfermedades como catarros, bronquiolitis, neumonía, diarreas, otitis, meningitis, infecciones de orina, enterocolitis necrotizante o síndrome de muerte súbita del lactante
- le protege de enfermedades futuras como asma, alergia, obesidad, enfermedades inmunitarias como la diabetes, la enfermedad de Crohn o la colitis ulcerosa y arterioesclerosis o infarto de miocardio
- favorece el desarrollo intelectual
- protege a la madre de anemia después del parto y facilita la pérdida de peso
- disminuye la incidencia de depresión postparto
- es un alimento económico y ecológico
- prolonga el período de anovulación después del parto
- la leche materna está diseñada especialmente para cubrir las necesidades del bebé en cada momento y siempre está fresca


Cualquier mujer puede dar el pecho a su hijo y alimentarle según las recomendaciones de la OMS (Organización Mundial de la Salud): lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses y lactancia materna combinada con otros alimentos mínimo hasta los 2 años.
No es impedimento para una lactancia materna: pezones planos o invertidos, enfermedad de la madre (salvo raras excepciones), medicación para la madre (consultar con www.e-lactancia.org), malnutrición materna, vuelta al trabajo, etc.

Recomendamos, para lograr una lactancia satisfactoria, exitosa y duradera:
- no dar biberones ni chupetes
- dormir con el bebé
- mantener un constante contacto físico y preferentemente piel con piel
- ofrecer el pecho sin horarios ni normas, a demanda del bebé
- no suministrar ningún otro líquido que no sea leche materna antes de los 6 meses (ni
infusiones, ni agua, ni zumos)
- buscar apoyo de una asesora de lactancia en caso de que haya cualquier problema o duda
- compartir la experiencia con otras madres que amamantan a sus hijos


AEPED (Asociación Española de Pediatría), OMS (Organización Mundial de la Salud), ALBA Lactancia Materna.

lunes, febrero 20, 2006

Relación de apego

Cuando hablamos de crianza con apego, nos referimos al refuerzo de la relación de apego entre la madre y el niño. Esto lo practicamos mediante la atención inmediata a las necesidades del bebé, el contacto físico intenso y constante durante el primer año de vida, la lactancia materna prolongada hasta un destete voluntario por parte del niño, y mediante otras cuestiones como el colecho, el babywearing, etc.

El apego juega un papel fundamental en la relación interpersonal de las personas y se aprende el modelo de apego en la primera infancia. Se sabe que los niños que tienen una interacción positiva con su cuidador logran internalizar la sensación de seguridad, lo que les permite ampliar sus emociones. En otras palabras la conducta de apego depende de la manera como el individuo es capaz de reflejar la sensación de seguridad. El modelo de apego aprendido determina cómo se relacionará el niño cuando sea mayor con otras personas y la seguridad en sus propias capacidades para afrontar las más diversas situaciones.

Así, Bowlby define al apego madre-infante como un vínculo afectivo que se desarrolla mediante la relación de interacción cotidiana a lo largo del primer año de vida, en la cual la madre como la cuidadora principal de la crianza, significa una base segura para su infante.
A raíz de un estudio longitudinal, llevado a cabo en México entre 1995 y 1996, se concluyó que existían tres patrones de apego organizado madre-infante: A. Ansioso-evitativo, 18%, B. Seguro, 68%, C., Ansioso-resistente, 11%.

APEGO SEGURO: El apego seguro se da cuando la persona que cuida demuestra cariño, protección, disponibilidad y atención a las señales del bebé, lo que le permite desarrollar un concepto de sí mismo positivo y un sentimiento de confianza. En el dominio interpersonal, las personas seguras tienden a ser más cálidas, estables y con relaciones íntimas satisfactorias, y en el dominio intrapersonal, tienden a ser más positivas, integradas y con perspectivas coherentes de sí mismo.

APEGO ANSIOSO: El apego ansioso se da cuando el cuidador está física y emocionalmente disponible sólo en ciertas ocasiones, lo que hace al individuo más propenso a la ansiedad de separación y al temor de explorar el mundo. No tienen expectativas de confianza respecto al acceso y respuesta de sus cuidadores, debido a la inconsistencia en las habilidades emocionales. Es evidente un fuerte deseo de intimidad, pero a la vez una sensación de inseguridad respecto a los demás.

APEGO EVITATIVO: El apego evitativo se da cuando el cuidador deja de atender constantemente las señales de necesidad de protección del niño, lo que no le permite el desarrollo del sentimiento de confianza que necesita. Se sienten inseguros hacia los demás y esperan ser desplazados sobre la base de las experiencias pasadas de abandono.

No es tanto la cantidad de interacción con la madre lo que determina el apego, sino lo que importa es la calidad de ella, tal y como lo demuestran las investigaciones realizadas alrededor del trabajo de la figura de apego y sus repercusiones posteriores. Cada etapa del desarrollo humano
tiene funciones propias que provocan un equilibrio o desequilibrio en la persona según sea o no resuelta satisfactoriamente, y para que el niño enfrente de la manera más saludable y positiva cada una de dichas etapas, es fundamental el desarrollo de la seguridad realista acerca de las posibilidades de un enfrentamiento positivo con el ambiente.

Dicho de otro modo: los cimientos de un adulto sano y equilibrado emocional y psicológicamente se crean en el primer año de vida a través de la relación con la madre. Si estos cimientos son sólidos, o sea, si el niño ha recibido todo el afecto físico y psicológico que necesita, lo más probable es que sus expectativas originarias queden cubiertas. Y entonces, y solo entonces puede enfrentarse al mundo porque tiene a sus espaldas la más profunda seguridad de ser amado y apoyado. Una seguridad que se queda como tatuada en el alma de la persona. Esto le convierte en un ser fuerte, independiente y creativo, capaz de superar cualquier bache, y preparado para encontrar la felicidad en su vida.

miércoles, febrero 15, 2006

ENLACES DE INTERÉS

BABYWEARING

Este concepto no se refiere a otra cosa que a cargar al bebé, llevarle consigo. Desde que existe la humanidad, los bebés han estado pegados a sus madres hasta adquirir una cierta autonomía motriz, mediante telas anudadas de mil maneras. En culturas menos industrializadas, está es todavía la forma más habitual de transportar a los bebés.
Desgraciadamente, nuestra sociedad está regida por el consumo y los mensajes publicitarios. En muy poco tiempo hemos dado la espalda a nuestro instinto de coger en brazos al bebé y llevarlo con nosotros allá donde vayamos, para pasarlo a su cochecito apartado físicamente del calor de su madre. En los hospitales se utilizan incubadoras y frías cunas en lugar de darle el bebé a la madre para que ésta le proporcione el calor necesario.

El hecho de transportar al bebé pegado al cuerpo de la madre implica muchos aspectos positivos para ambos. En primer lugar, el constante contacto físico afianza el vínculo madre-hijo imprescindible para un perfecto desarrollo emocional y psicológico del bebé. Se estimula el desarrollo del cerebro debido a que desde la perspectiva en la posición del babywearing tiene acceso a estímulos mucho más ricos y similares al adulto, mientras que desde el cochecito solo ve el techo o el cielo. A raíz del movimiento y el roce con el cuerpo de la madre, el sistema digestivo también se ve positivamente influenciado, así como el sentido del equilibrio. Ser llevado es como una gimnasia pasiva, por lo que tampoco hay que preocuparse por la supuesta “pasividad” del bebé. Jean Liedloff sostiene la idea de que los bebés tienen como expectativa el ser pasivos la mayor parte del tiempo, no tener la obligación de intervenir constantemente en las situaciones. Si son llevados, pueden observar perfectamente todo lo que ocurre en su alrededor, pero sin la necesidad de reaccionar activamente. Esto les lleva a un aprendizaje tipo “esponja” y permite que puedan asimilar las experiencias vividas de una forma mucho más adecuada.

Antropólogos que han estudiado culturas en todo el mundo afirman que los bebés que son llevados la mayor parte del día, lloran menos. En nuestra sociedad aceptamos la idea de que es normal de que los bebés lloren durante horas, pero esto no es así en todas partes. En culturas donde el babywearing es habitual, el bebé siempre está en brazos de alguien hasta conseguir una cierta movilidad que le permite explorar su entorno activamente, hacia los 9 o 10 meses.

Por otro lado, el babywearing favorece mayor contacto visual con la madre. Aunque la madre no tenga que estar pendiente todo el tiempo del bebé, porque tiene la seguridad originaria de que está bien mientras esté con ella, el bebé puede orientarse en este mundo según las reacciones de su madre. Nota su pulso, el calor corporal y todas las demás indicaciones físicas que tenemos, para saber cómo valorar una situación determinada. De este modo la madre ayuda indirectamente al bebé a encajar las vivencias en sus sistemas emocionales e intelectuales.

Según el Dr. Sears, las ventajas de esta práctica de transportar al bebé llega a diferentes aspectos del desarrollo. De este modo comenta por ejemplo que bebés “portados” son más organizados, más sociables y tienen más facilidad de aprendizaje. Con el babywearing se facilita incluso la lactancia materna ya que al estar pegado el bebé al cuerpo materno la mayor parte del tiempo, se estimula la producción de la leche y el bebé “recuerda” más fácilmente que quiere mamar. Al estar cuerpo con cuerpo, se establece tal vínculo entre madre e hijo ya desde los primeros días que sus ritmos de vigilia-sueño se sincronizan con rapidez, ayudando a un mayor descanso de la madre.

Las ventajas para la madre son tan obvias que sorprende que no sea una práctica mucho más extendida. La queja de toda madre suele ser que no puede hacer nada y que está muy cansada porque aprovecha las horas de siesta del bebé para hacer la casa. Las madres que practican el babywearing no tienen este problema: cargan al bebé en la cadera o en la espalda y así hacen los labores de la casa. Normalmente el bebé se duerme con el movimiento, pero si no es así, suele estar muy entretenido mirando lo que hace su madre. Así, la madre no tiene que doblar jornadas ya que se puede planificar como más le convenga sin tener que esperar a que el bebé se haya quedado dormido.

Por último, cabe destacar que esta práctica facilita la creación del vínculo también con el padre o con otras personas que se hacen cargo del bebé si se le porta con un fular, bandolera o mochila portabebés. Si el bebé está a cargo de otra persona que no sea la madre algunas horas del día, como pueden ser el padre, un hermano mayor o una cuidadora, el babywearing es la manera de que el bebé se sienta protegido y seguro a pesar de la ausencia de la madre. El contacto físico constante favorece una comunicación inequívoca y afianza la relación entre el bebé y el adulto.

Declaración de los Derechos del Niño, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1959

Artículo 1º.
El niño disfrutará de todos los derechos enunciados en esta declaración.
Estos derechos serán reconocidos a todos los niños sin excepción alguna ni distinción o discriminación por motivos de raza, color, sexo, idioma, religión, opiniones políticas o de otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento u otra condición, ya sea del propio niño o de su familia.


Artículo 2º.
El niño gozará de una protección especial y dispondrá de oportunidades y servicios, dispensado todo ello por la ley y por otros medios, para que pueda desarrollarse física, mental, moral, espiritual y socialmente en forma saludable y normal, así como en condiciones de libertad y dignidad. Al promulgar leyes con este fin, la consideración fundamental a que se atenderá será el interés superior del niño.

Artículo 3º.
El niño tiene derecho desde su nacimiento a un nombre y a una nacionalidad.

Artículo 4º.
El niño debe gozar de los beneficios de la seguridad social.Tendrá derecho a crecer y desarrollarse en buena salud; con este fin deberán proporcionarse, tanto a él como a su madre, cuidados especiales, incluso atención prenatal y postnatal. El niño tendrá derecho a disfrutar de alimentación, vivienda, recreo y servicios médicos adecuados.

Artículo 5º.
El niño física o mentalmente impedido o que sufra algún impedimento social debe recibir el tratamiento, la educación y el cuidado especiales que requiere su caso particular.

Artículo 6º.
El niño, para el pleno desarrollo de su personalidad, necesita amor y comprensión. Siempre que sea posible, deberá crecer al amparo y bajo la responsabilidad de sus padres y, en todo caso, en un ambiente de afecto y de seguridad moral y material; salvo circunstancias excepcionales, no deberá separarse al niño de corta edad de su madre. La sociedad y las autoridades públicas tendrán la obligación de cuidar especialmente a los niños sin familia o que carezcan de medios adecuados de subsistencia. Para el mantenimiento de los hijos de familias numerosas conviene conceder subsidios estatales o de otra índole.

Artículo 7º.
El niño tiene derecho a recibir educación que será gratuita y obligatoria por lo menos en las etapas elementales. Se le dará una educación que favorezca su cultura general y le permita, en condiciones de igualdad de oportunidades, desarrollar sus aptitudes y su juicio individual, su sentido de responsabilidad moral y social y llegar a ser un miembro útil de la sociedad. El interés superior del niño debe ser el principio rector de quienes tienen la responsabilidad de su educación y orientación; dicha responsabilidad incumbe, en primer término, a sus padres. El niño debe disfrutar plenamente de juegos y recreaciones, los cuales deben estar orientados hacia los fines perseguidos por la educación; la sociedad y las autoridades públicas se esforzarán por promover el goce de este derecho.

Artículo 8º.
El niño debe, en todas las circunstancias, figurar entre los primeros que reciban protección y socorro.

Artículo 9º.
El niño debe ser protegido contra toda forma de abandono, crueldad y explotación.
No será objeto de ningún tipo de trata. No deberá permitirse al niño trabajar antes de una edad mínima adecuada; en ningún caso se le dedicará ni se le permitirá que se dedique a ocupación o empleo alguno que pueda perjudicar su salud o educación o impedir su desarrollo físico, mental o moral.

Artículo 10º.
El niño debe ser protegido contra las prácticas que puedan fomentar la discriminación racial, religiosa, o de cualquiera otra índole. Debe ser educado en un espíritu de comprensión, tolerancia, amistad entre los pueblos, paz y fraternidad universal, y con plena conciencia de que debe consagrar sus energías y aptitudes al servicio de sus semejantes.

viernes, enero 27, 2006

¿QUIENES SOMOS?

Castellón
Tel. 635 43 98 20
Queremos:
- Promover el libre desarrollo y el crecimiento humano integral.
- Difundir los principios de la crianza con apego.
- Ofrecer un marco de información, intercambio de experiencias, enlace con otras familias, entidades y/o profesionales relacionados con la crianza natural.
- Fomentar la creatividad y la libertad de pensamiento.
- Desarrollar la comunicación intergeneracional e intercultural.
- Informar sobre las ventajas y beneficios de la crianza con apego, así como la lactancia materna prolongada y la educación libre.
- Crear un espacio virtual, físico y/o simbólico para el desarrollo de iniciativas relacionadas con la Crianza Natural, la lactancia materna prolongada, la defensa de la libre enseñanza, el babywearing, la educación sin violencia, el respeto al medioambiente, etc.

Declaración sobre el llanto del bebé

Hombres y mujeres, científicas y profesionales que trabajamos en distintos campos de la vida y del conocimiento, madres y padres preocupados por el mundo en el que nuestros hijos e hijas van a crecer, hemos creído necesario hacer la siguiente declaración:
Es cierto que es frecuente que los bebés de nuestra sociedad Occidental lloren, pero no es cierto que sea normal. Los bebés lloran siempre por algo que les produce malestar: sueño, miedo, hambre o, lo más frecuente y que suele ser causa de los anteriores, la falta del contacto físico con su madre u otras personas del entorno afectivo.


El llanto es el único mecanismo que los bebés tienen para hacernos llegar su sensación de malestar, sea cual sea la razón del mismo; en sus expectativas, en su continuum filogenético no está previsto que ese llanto no sea atendido, pues no tienen otro medio de avisar sobre el malestar que sienten ni pueden por sí mismos tomar las medidas para solventarlo.

El cuerpo del bebé recién nacido está diseñado para tener en el regazo materno todo cuanto necesita, para sobrevivir y para sentirse bien: alimento, calor, apego. Por esta razón, no tiene noción de la espera, ya que estando en el lugar que le corresponde, tiene a su alcance todo cuanto necesita. El bebé criado en el cuerpo a cuerpo con la madre desconoce la sensación de necesidad, de hambre, de frío, de soledad, y no llora nunca. Como dice la norteamericana Jean Liedloff, en su obra "El Concepto del Continuum", el lugar del bebé no es la cuna ni la sillita ni el cochecito, sino el regazo humano. Esto es cierto durante el primer año de vida y los dos primeros meses de forma casi exclusiva (de ahí la antigua famosa cuarentena de las recién paridas). Más tarde, los regazos de otros cuerpos del entorno pueden ser sustitutivos durante algún rato. El propio desarrollo del bebé indica el fin del periodo simbiótico: cuando se termina la osificación y el bebé empieza a andar. Entonces, empieza poco a poco a hacerse autónomo y a deshacerse el estado simbiótico.

La verdad es obvia, sencilla y evidente.

El bebé lactante toma la leche idónea para su sistema digestivo y además puede regular su composición con la duración de las tetadas, con lo cual el bebé criado en el regazo de la madre no suele tener problemas digestivos.
Cuando la criatura llora y no se le atiende, llora con más y más desesperación porque está sufriendo. Hay psicólogos que aseguran que cuando se deja sin atender el llanto de un bebé más de tres minutos, algo profundo se quiebra en la integridad de la criatura, así como la confianza en su entorno.

Los padres, que hemos sido educado en la creencia de que es normal que los niños lloren y de que hay que dejarles llorar para que se acostumbren y que, por ello, estamos especialmente insensibilizados para que su llanto no nos afecte, a veces no somos capaces de tolerarlo. Como es natural si estamos un poco cerca de ellos, sentimos su sufrimiento y lo sentimos como un sufrimiento propio. Se nos revuelven las entrañas y no podemos consentir su dolor. No estamos del todo deshumanizados. Por eso, los métodos conductistas proponen ir poco a poco, para cada día aguantar un poquito más ese sufrimiento mutuo. Esto tiene un nombre común, que es la administración de la tortura, pues es una verdadera tortura la que infligimos a los bebés, y a nosotros mismos, por mucho que se disfrace de norma pedagógica o pediátrica.
Varios científicos estadounidenses y canadiense (biólogos, neurólogos, psiquiatras, etc.), en la década de los noventa, realizaron diferentes investigaciones de gran importancia en relación a la etapa primal de la vida humana. Demostraron que el roce piel con piel, cuerpo a cuerpo, del bebé con su madre y demás allegados produce unos moduladores químicos necesarios para la formación de las neuronas y del sistema inmunológico. En definitiva, que la carencia de afecto corporal trastorna el desarrollo normal de las criaturas humanas. Por eso los bebés, cuando se les deja dormir solos en sus cunas, lloran reclamando lo que su naturaleza sabe que les pertenece.

En Occidente se ha creado en los últimos 50 años una cultura y unos hábitos, impulsados por las multinacionales del sector, que elimina este cuerpo a cuerpo de la madre con la criatura y deshumaniza la crianza. Al sustituir la piel por el plástico y la leche humana por la leche artificial, se separa más y más a la criatura de su madre. Incluso se han fabricado intercomunicadores para escuchar al bebé desde habitaciones alejadas de la suya. El desarrollo industrial y tecnológico no se ha puesto al servicio de las pequeñas criaturas humanas, llegando la robotización de las funciones maternas a extremos insospechados.

Simultáneamente a esta cultura de la crianza de los bebés, la maternidad de las mujeres se medicaliza cada vez más; lo que tendría que ser una etapa gozosa de nuestra vida sexual, se convierte en una penosa enfermedad. Entregadas a los protocolos médicos, las mujeres adormecemos la sensibilidad y el contacto con nuestros cuerpos, y nos perdemos una parte de nuestra sexualidad: el placer de la gestación, del parto y de la exterogestación, lactancia incluida. Paralelamente las mujeres hemos accedido a un mundo laboral y profesional masculino, hecho por los hombres y para los hombres, y que por tanto excluye la maternidad; por eso la maternidad en la sociedad industrializada ha quedado encerrada en el ámbito privado y doméstico. Sin embargo, durante milenios la mujer ha realizado sus tareas y sus actividades con sus criaturas colgadas de sus cuerpos, como todavía sucede en las sociedades no occidentalizadas. La imagen de la mujer con su criatura tiene que volver a los escenarios públicos, laborales y profesionales, so pena de destruir el futuro del desarrollo humano.

A corto plazo parece que el modelo de crianza robotizado no es dañino, que no pasa nada, que las criaturas sobreviven; pero científicos como Michel Odent (1999 y www.primal-health.org), apoyándose en diversos estudios epidemiológicos, han demostrado una relación directa entre diferentes aspectos de esta robotización y las enfermedades que sobrevienen en la edad adulta. Por otro lado, la violencia creciente en todos los ámbitos tanto públicos como privados, como han demostrado los estudios de la psicóloga suizo-alemana Alice Miller (1980) y del neurofisiólogo estadounidense James W. Prescott (1975), por citar sólo dos nombres, también procede del maltrato y de la falta de placer corporal en la primera etapa de la vida humana. También hay estudios que demuestran la correlación entre la adicción a las drogas y los trastornos mentales, con agresiones y abandonos sufridos en la etapa primal. Por eso, los bebés lloran cuando les falta lo que se les quita; ellos saben lo que necesitan, lo que les correspondería en ese momento de sus vidas.

Deberíamos sentir un profundo respeto y reconocimiento hacia el llanto de los bebés, y pensar humildemente que no lloran porque sí, o mucho menos, porque son malos. Ellas y ellos nos enseñan lo que estamos haciendo mal.
También deberíamos reconocer lo que sentimos en nuestras entrañas cuando un bebé llora; porque pueden confundir la mente, pero es más difícil confundir la percepción visceral. El sitio del bebé es nuestro regazo; en esta cuestión, el bebé y nuestras entrañas están de acuerdo, y ambos tienen sus razones.

No es cierto que el colecho (la práctica de que los bebés duerman con sus padres) sea un factor de riesgo para el fenómeno conocido como muerte súbita. Según The Foundation for the Study of Infant Deaths, la mayoría de los fallecimientos por muerte súbita se producen en la cuna. Estadísticamente, por lo tanto, es más seguro para el bebé dormir en la cama con sus padres que dormir solo (Angel Alvarez www.primal.es).
Por todo lo que hemos expuesto, queremos expresar nuestra gran preocupación ante la difusión del método propuesto por el neurólogo E. Estivill en su libro "Duérmete Niño" (basado a su vez en el método Ferber divulgado en Estados Unidos), para fomentar y ejercitar la tolerancia de los padres al llanto de sus bebés. Se trata de un conductismo especialmente radical y nocivo teniendo en cuenta que el bebé está aún en una etapa de formación. No es un método para tratar los trastornos del sueño, como a veces se presenta, sino para someter la vida humana en su más temprana edad. Las gravísimas consecuencias de este método, han empezado ya a ponerse de manifiesto.

Necesitamos una cultura y una ciencia para una crianza acorde con nuestra naturaleza humana, porque no somos robots, sino seres humanos que sentimos y nos estremecemos cuando nos falta el cuerpo a cuerpo con nuestros mayores. Para contribuir a ello, para que tu hijo o tu hija deje de sufrir YA, y si te sientes mal cuando escuchas llorar a tu bebé, hazte caso; cógele en brazos para sentirle y sentir lo que está pidiendo. Posiblemente sólo sea eso lo que quiere y necesita, el contacto con tu cuerpo. No se lo niegues.

Cuando un recién nacido aprende en una sala de nido que es inútil gritar... está sufriendo su primera experiencia de sumisión. (Michel Odent).


http://www.suenoinfantil.org/

SOBRE EL COLECHO

El hecho de que los bebes prefieran dormir junto a su madre es algo totalmente natural. Teniendo en cuenta que los corderitos buscan el calor de su madre para descansar o que los gatitos vuelven al regazo de su madre después de sus excursiones, no es de extrañar que los bebes humanos también necesiten dormir como los demás mamíferos. Hasta hace pocos años, desde el inicio de la humanidad hace 10 millones de años, las familias compartían una misma cama.

El instinto de protección por parte de la madre, y el instinto de superviviencia desarrollado en los bebes, hace que ambos tengan el impulso de dormir en la misma cama. Los bebes no tienen aun desarrollado el concepto de espacio-tiempo, por lo que la separación de una pared puede significar para ellos lo que para nosotros un océano de distancia. Lo mismo ocurre con la percepción temporal, únicamente saben lo que ocurre aquí y ahora, y un solo minuto puede parecerles una eternidad. Cuando los padres no están presentes en la habitación, para el bebe supone una tremenda sensación de total soledad y causa en ellos un originario y profundo terror.
A nadie le gusta dormir solo ni estar a oscuras a solas. Incluso siendo adultos preferimos estar acompañados o mantener alguna luz encendida. El conjunto soledad-oscuridad nos devuelve a nuestros miedos más ocultos y primigenios.

La idea de que los niños están más seguros en su propia cama no tiene ningún fundamento. No hay pruebas sobre las ventajas de la separación física, pero si existen estudios que avalan los beneficios del colecho. Entre ellos se destacan: despertares sincronizados entre el bebé y la madre, una mayor estabilidad cardiorrespiratoria y mayor oxigenación de los niños, disminución de los episodios de llanto, mejor termorregulación y mayor prevalencia de la lactancia materna. Los bebés que duermen con su madre son amamantados hasta 3 veces más tiempo que aquellos que duermen solos en su habitación.

También cabe mencionar los beneficios emocionales para toda la familia y la incidencia positiva sobre el desarrollo afectivo. Un bebe que duerme junto a sus padres no solo comparte la cama, sino que recibe mas atención y mayor contacto físico. El vinculo que se crea entre padres e hijos mediante el colecho es muy intenso y duradero, lo que contribuye a un mayor entendimiento y un fuerte sentimiento de seguridad en los hijos. No se puede comparar con nada la sensación de despertar juntos y compartir esos primeros minutos del día, la primera sonrisa de la mañana, las cosquillas en la cama...

Creencias populares dicen que para que un bebe deje de quejarse por la noche y los padres puedan dormir sin interrupción hay que dejarle llorar. Efectivamente, en general dejan de quejarse después de un tiempo, pero además ocurre algo terrible: pierden la esperanza y la confianza de que sus padres están pendientes de ellos cuando lo necesitan. Se resignan. Y creemos que la resignación no forma parte precisamente de un crecimento feliz ni de un desarrollo afectivo sano. Tampoco facilita una relación paterno-filial basada en la confianza mutua y la empatía. Pensamos que entregarles nuestro cariño en vez de indeferencia, o nuestro afecto en lugar de distanciamiento, hace felices a nuestros bebés, y por tanto a todos nosotros.

Carmen Cabrera

www.dormirsinllorar.com
www.continuum/concept.de
www.crianzanatural.com
http://www.dardemamar.netfirms.com